Aquí la primera de estas reflexiones de S., francesa que vive en Cuernavaca.
"Antes de salir pensaba que Francia era un país desarrollado, un país que tenía una gran cultura culinaria, cinematográfica y artística en general. Un país que tiene una gran historia. Vivía en París y me encantaba aun si era muy cara, pero eso no me afectaba mucho porque estaba viviendo con mis papás.
"Salí del país para estudiar en Suiza. Mi visión cambió totalmente. Me di cuenta que todo en Francia tenía que pasar por París, que el poder está muy centralizado, que los franceses son muy arrogantes y flojos, que se quejan de todo sin querer hacer un esfuerzo para cambiar las cosas. (…) Después me fui a México para vivir con mi esposo. Otro cambio total. No entiendo por qué los franceses se quejan, deberían salir del país.
"Aquí nadie se queja, ganan cacahuates pero saben vivir con eso. No es para nada el paraíso pero la gente es solidaria, se apoya entre sí. (…) No quiero regresar a mi país, porque la gente sigue igual, no ha cambiado. Todavía no entiende que para hacer avanzar las cosas quejarse no es la única opción.
"(…) Los funcionarios que conozco siguen pensando que no tienen suficientes privilegios (y para mí son demasiado privilegiados), no entienden nada de lo que pasa en el resto del mundo.
"(…) Tengo un amigo que se inscribió a las ayudas por desempleo y con ese dinero se fue a seguir una formación en los EU. Encontró la manera de regresar cada mes para poner su "sello". Mis papás trabajan casi 50 horas por semana y ganan (después de impuestos) casi menos que alguien que no trabaja y que recibe ayudas sociales. ¿Para qué trabajar? Además, van a recibir casi nada de jubilación por ser independientes. No tienen derecho a un mínimo al contrario de los desempleados, funcionarios y asalariados".


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