Continuando con el post anterior, aquí algunos ejemplos proporcionados en el mismo reportaje de Le Figaro sobre la asistencia social en Francia.
Traducción de algunos recuadros del reportaje titulado La France des assistés (La Francia de los asistidos), publicado el sábado 4 de junio de 2011, en la revista de Le Figaro. Firmado por Sophie Roquelle.
A la sombra de las palmeras.
En los Departamentos de Ultra Mar (DOM, figura administrativa que engloba a Martinica, Guadalupe, Guyana, Reunión y Mayotte) la asistencia social es un modo de vida más o menos extendido. Entre 2000 y 2008 el número de beneficiados del RMI en los DOM se elevó casi al doble, pasando de 133 mil a 280 mil. (...)
Este incremento destaca junto con la explosión de empleados públicos. Según el Insee (Instituto de estadística), el 15% de los asalariados en Guadalupe y 17 de los de Guyana son burócratas a nivel local. Aunado a eso hay que considerar a los funcionarios que, cada vez más, tocan algún tipo de ayuda o prestación social hasta alcanzar el 40% de sus ingresos. En resumen, 4% de los beneficiados de ayudas sociales en los DOM son burócratas.
Aire acondicionado o nada
Este beneficiado del RSA, de aproximadamente 35 años, no había trabajado desde hace 7 años. El verano pasado, finalmente encontró un contrato como agente de producción. Al final de su primer día, tocó a la puerta de su jefe para renunciar. ¿El motivo? La empresa no tenía aire acondicionado ni dispensador de agua fría...
Rechazó 12 ofertas de empleo en 15 días
Esta mujer tiene una sólida formación de ingeniería pero ha perdido su trabajo luego de una restructuración en la empresa. Después de un año inscrita en la Oficina de empleo (organismo del Estado), es dirigida a una estructura de acompañamiento para desempleados de larga duración. Emocionados por recibir un CV como el suyo, el centro le encuentra ofertas que corresponden a su formación y calificaciones: no menos de 12 en dos semanas, las cuales rechaza todas. "Siempre hay algo que no le parece", se desespera su consejero. "En su cabeza, ella no ha logrado hacer su duelo, superar su antiguo trabajo".
A Bali con su prima de precariedad
Con 35 años, P, institutriz radicada en París, decide trabajar por su cuenta al proponer apoyo académico a domicilio. Firma un CDD (Contrato de duración determinada) con una familia de septiembre a junio, es decir, 10 meses. "No les voy a hacer pagar las vacaciones grandes", les dice ella a sus empleadores. Al fin de junio, antes de expire su contrato, ella propone firmar un nuevo contrato para el siguiente ciclo, a partir de septiembre. Dos días más tarde, ella se acuerda: antes de irse de vacaciones a Bali, hace falta un justificante de desempleo para poder cobrar el paro en julio y agosto. Y agrega a la familia: "Ustedes deben pagar una prima de precariedad igual a 10% de mi contrato". Es decir, un mes de salario.
Su empleador se pregunta enojado:
-¿Qué desempleo? ¿Qué prima de precariedad? Acabamos de firmar un nuevo CDD para el siguiente ciclo escolar".
-Tengo derecho a cobrar el paro por desempleo. Y la prima también, es la ley.
Estas prácticas, generalmente desconocidas para los empleadores particulares, son moneda corriente entre las niñeras y ayudantes de niños. Estos empleados encadenan los CDD y, entre dos contratos, se hacen pagar primas y se inscriben en el oficina de desempleo para cobrar la indemnización correspondiente. Ese verano, con sus dos meses de paro y su "prima de precariedad", P ganó más dinero de vacaciones en Bali que trabajando en París.
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| Pagarse unas vacaciones con la asistencia social, ¿por qué no? |
Prefiere quedarse con su mujer
En este organismo de formación profesional del Gran Oeste (región francesa) encargado de colocar a desempleados comunmente muy alejados del mundo laboral, se escuchan a veces argumentos que dejan atónito.
Como el caso de este hombre que dejó rápidamente su trabajo porque "no soportaba el no poder ver a su esposa" o este otro que renunció a su empleo "por orden de su esposa la cual se aburría". Un tercero informó a su consejero: "Nada de trabajo de tiempo completo, porque si no no tendré tiempo de no hacer nada...".
Un joven sin cualificaciones termina por aceptar un empleo pero advierte: "¡Cuidado y tengo a alguien encima de mí todo el tiempo, eh!"
Un joven bodeguero de supermercado que acaba de cambiar su CDD (Contrato de Duración Determinada) por un CDI (Contrato de Duración Indeterminada), renunció después de unas semanas para "irse de vacaciones un mes al pueblo con sus padres".
"En contraste con estos casos", dice el consejero, "tuvimos también una mujer que hacía una hora de camino a pie todas las mañanas para trabajar dos horas haciendo la la limpieza".
Duro, duro encontrar un albañil
Empresario de la región parisina, M.G. busca dar forma a su equipo de 14 personas para hacer frente a una afluencia de astilleros desde hace algunos meses. Los salarios que el propone son de entre 2 mil 200 y 3 mil euros netos por mes por cada albañil con experiencia*.
Uno de los aspirantes le respondió: "con ese salario, prefiero seguir desempleado".
*El SMIC o salario mínimo por hora es de aproximadamente 8 euros, lo que luego de una semana laboral de 35 horas (jornada regular) resulta en un pago mensual de 1 mil 100 euros.
Mejor en casa con mamá
Mayorista en artículos electrónicos en el centro de Francia, la compañía R tiene problemas para reclutar bodegueros. El trabajo no exige ninguna formación específica y R les paga el salario mínimo sobre 13 meses por 37 horas de trabajo por semana. La principal cualidad pedida es "tener ganas de trabajar".
Uno de los bodegueros reclutados recientemente acaba de tirar la toalla: "Este hombre nos explicó que el prefería aprovechar el RSA y regresar a vivir al campo con su madre en el campo para no pagar renta. Además, como está divorciado, así no tendrá que pagar pensión alimenticia por sus tres hijos...". En resumen, una vida sin trabajar y escapando a sus responsabilidades.


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