lunes, 22 de agosto de 2011

En Francia también hay fayuca

En Francia también hay marginalidad, ilegalidad e irreglaridad. A primera vista parecería que una "fayuca" en el corazón de París es algo imposible. Parecería que un mercado con mercancías de dudosa procedencia, a unos kilómetros de Montemartre, el "barrio de Amèlie", es una broma.

Y sin embargo, existe. Y hasta puestos de armas incluye...

Ir al texto aquí.

Iglesia del Sagrado Corazón,
imagen típica de Montmartre.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Más allá de Bayard: El Canal du Midi (2)


Seguimos con el Canal du Midi y su historia, esta vez con distintos fragmentos de los artículos aparecidos también en la edición especial de 2010 de la revista Ramdam.

El Canal, un patrimonio intelectual

Un lugar simbólico
Los trabajos del Canal iniciaron en Toulouse con la construcción de la esclusa en el río Garona. Es gracias a este pasaje que la obra cobra sentido y justifica su apelativo de "Canal de dos mares" pues es gracias a ésta. que los barcos podían pasar del río al Canal y de ahí al Atlántico (...) En 1975, la esclusa fue destruída para dar paso a un pilar del periférico (la rocade).

Patrimonio de la Humanidad.
Año 1996, la consagración. En este año, el Canal du Midi se convierte en el primero en su tipo en ser clasificado -en su totalidad- en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La razón de la declaratoria: "por ser un sitio de valor universal excepcional como una de las obras más extraordinarias del genio civil de la era moderna". Más allá de la proesa técnica, una obra de arte.

(...) Otra zona en los alrededores del Canal está en proceso para lograr una declaratoria específica para salvaguardar su ambiente visual. Todavía no es tarde...

Más allá de Bayard: El Canal du Midi


El Canal du Midi o Canal del Mediodía, es una joya arquitectónica que pasa a unos cuantos metros del principio de Bayard, frente a la estación de trenes Matabiau.

Aunque se extiende por varios kilómetros y toca distintos departamentos, regiones y ciudades, Toulouse le guarda un cariño especial a esta obra.

"En 1681, el Reino de Francia festejaba con gran pompa la inauguración de esta obra que, en su época, fue considerada como la más grande del siglo XVII: el Canal Real de Languedoc", escribe la revista Ramdam en la editorial de su número especial de 2010 dedicado al tema.



Y continúa: "Fruto de una utopía -conectar el oceáno Atlántico con el mar Mediterráneo- el canal que posteriormente se bautizaría como du Midi tuvo que abrirse camino para ver la luz del día (...). En Toulouse, este elemento singular del paisaje ha dado identidad a los barrios de la ciudad* (...) convirtiéndose hoy en patrimonio tolosano.

"(...) El Canal du Midi representa fielmente la síntesis de nuestras preocupaciones actuales, ya sean en el dominio de la urbanización del territorio, del desarrollo económico, de la conservación del patrimonio, de la valoración de las ciencias o del desarrollo de ocios".

En el año de la publicación de las líneas anteriores, Toulouse dedicó un gran homenaje al inventor de esta obra, el ingeniero Pierre-Paul Riquet "genial visionario que tuvo la audacia de imaginar este proyecto y de hacerlo realidad". Proyecto que, agrega Ramdam, sigue siendo una referencia de proesa técnica en una "ciudad de tecnologías de punta".
El genial visionario, Riquet.
*Un ejemplo de cómo el Canal ha dado identidad a Toulouse lo encontramos en la historia del Puente de las Damas (Pont des demeiselles). Cuando la Ciudad rosa recibió a una gran cantidad de trabajadores para construir esta gran obra, las "damas" ofrecían sus servicios cerca de este puente que precisamente cruza el Canal.

Más allá de Bayard: El Jardín Japonés


No muy lejos de Bayard -a una estación de metro o a cinco minutos en bicicleta- encontramos el Jardín Japonés de Compans Caffarelli, espacio verde inmaculdo que contrasta con la vista de cemento que hay en nuestro barrio.

Uno de esos espacios que dan muestra del llamado "estado de bienestar" que ofrece Toulouse, la Ciudad rosa.

De acuerdo al periódico Direct Toulouse (4 de octubre de 2010), el mencionado lugar está clasificado como "jardín notable" y figura entre los 15 más hermosos de toda Francia




Para ver más fotos y conocer detalles sobre este lugar, click aquí.

Cine Independiente, Cine dependiente, por Miguel Coyula


Compartimos a continuación un texto del realizador cubano Miguel Coyula, autor de la reciente Memorias del desarrollo. Para conocer más de Coyula y su obra, click aquí.


¿Por qué publicar el siguiente texto en este espacio? No sólo porque varias de las ideas que comparte tienen una fuerza particular, sino porque varias de estas mismas pueden usarse para la reflexión de Bayard, sobre todo las que hablan de la honestidad en la creación. 

Cine Independiente Cine Dependiente*

Creo que la utopía de un cine de ficción verdaderamente independiente --como cualquier utopía-- no existe, siempre dependes de actores o de favores cuando menos. Pero hablando en términos de industria, es cierto que se ha incrementado la producción independiente desde un punto de vista económico, pero no siempre desde el punto de vista de contenido y forma. Muchas veces el cine independiente es concebido como un vehículo para darse a conocer en la industria y no así como una expresión genuina, sin filtros creativos.

Para mí, el cine es la salvación. Un arte verdaderamente independiente es lo único sobre lo que podemos tener control absoluto. Es una obsesión. En mi caso es bueno que me interese el arte y no la política, de otra forma probablemente sería un dictador. La ventaja de tener un control total de los medios de producción es envidiable. La originalidad es algo muy difícil pero tampoco es necesaria. Lo importante es absorber tantas influencias para que nazca originalidad de una hibridez extrema.

Hoy en día se hace difícil encontrar algo que sea original. Por ejemplo ahora se ha puesto de moda el minimalismo en cine de arte de América Latina, los planos largos, ausencia de música incidental, o de estilizaciones extremas en la imagen, el tempo narrativo contemplativo, que es algo que hacía el cine europeo hace 40 años. Conste que creo definitivamente en las influencias para formar un lenguaje de hibrideces al límite. Pero no creo en la hegemonía de una moda, aunque sea cine de arte. Cuando empiezo a ver varias películas “de vanguardia” en la misma cuerda, me doy cuenta de que algo no anda bien. El melodrama en el cine de arte prácticamente se ha desechado, cualquier tipo de sentimiento sufre el destino de una esterilización, como adolescentes ocultando sus emociones por miedo a dejar de ser “cool”. Creo que vivimos en un momento muy blando donde lo políticamente correcto ha permeado gran parte del cine contemporáneo. Me refiero a las “películas de festivales” que muchas veces se diseñan de manera calculadora pensando en el público al que va dirigido la película de acuerdo a la moda imperante. Esto es normal por parte de las personas que invierten el dinero en el proyecto, pero es perturbante cuando los propios realizadores discuten estos términos como factor determinante en el resultado final. Lo cierto es que si una obra cinematográfica es sincera, siempre hallará una audiencia, aunque sea pequeña. Hay cineastas que filman para ganar dinero, otros que filman para festivales, y otros que filman porque no tienen otra salida que vomitar sus películas desde el subconsciente, sacárselas de adentro, exorcizárselas. No digo que los festivales y el dinero vengan mal. Pero si es ese el objetivo, estamos hablando en ambos casos de un cine dependiente.

Muchos aprecian el formato digital como alternativa barata al cine. Pocos veneran las características que lo hacen distinto. Creo que la profundidad del campo en el formato digital me parece un logro increíble de la tecnología: el impacto de un rostro lleno de arrugas y poros en hiper-nitidez de alta definición, al igual que el fondo que ya deja de ser fondo por estar en foco perfecto, el barroquismo de un plano donde todos sus elementos estén en foco, sin grano, para que el espectador elija a donde mirar y pueda así construir una interpretación más compleja de la imagen. Gregg Toland se extenuaba por lograr esto en el Ciudadano Kane. Ahora, 70 años más tarde, la tecnología lo permite y sin embargo los cineastas se matan por tener menos profundidad de campo, desenfocar el fondo, desaturar los colores, y quitarle nitidez a la imagen. Todo para que al preguntar uno la razón conceptual de tal decisión estética le contesten “porque así parece más cine”. Otras veces el Video Digital se ha malinterpretado mucho como idea de que su estética debe ser sucia, cámara en mano, foco y diafragma en automático. Basta de Dogmas.
Coyula en el set de Memorias...
No hay nada más triste que un joven haciendo cine “viejo” para ser asimilado por la industria. No hay nada más triste que reconocer las fórmulas del “género Sundance”, o del “género Cannes” en una película. Me viene a la mente ahora algo que dijo Godard: la cultura es norma, el arte es excepción. Cierto que Festivales como Sundance y Cannes programan películas más inteligentes que la media de Hollywood, pero por lo general evitan un cine verdaderamente incómodo. Es triste, pues la responsabilidad de un festival hoy en día (salvando algunas excepciones) parece ser más asegurar el cierto mínimo de interés comercial que no ahuyente a sus patrocinadores, y la corrección política de sus programas que asegurará un público comprometido con causas. Interesa, mucho más todo esto y mucho menos la integridad artística del proyecto.

Es culpa de los cineastas también. Creo que actualmente podemos encontrar un atrevimiento en el contenido, pero no tanto en la forma. Temas francamente incómodos son de alguna manera suavizados por la forma. Una puesta en escena perezosa, en piloto automático. Como si la memoria fílmica solo abarcara la década del momento. Resulta difícil encontrar estilos donde se pueda apreciar toda la evolución de la historia del cine. La independencia de una gramática visual está constantemente resentida por las tendencias del momento. No es culpa solo de todos los cineastas. Las excepciones sufren también por el poco riesgo que corren muchos de los programadores. No puede existir, no puede surgir un cine distinto, como movimiento si los promotores no corren el mismo riesgo que los cineastas que deciden arriesgarse. Hubo una época donde abundaban los críticos de cine, hoy predominan los cronistas. Hay menos críticas, y más reseñas. La letra, con sangre entra.

¿Y para que quejarse? No cambiará nada. Cada generación tiene los mismos conflictos que de una forma u otra terminan repitiéndose. Quizás mi visión apocalíptica del mundo, no sea más que un mecanismo creativo para mí. Quizás termine utilizando este texto, que comenzó como análisis del cine independiente, para alimentar la atmósfera de pesadilla que necesito como inspiración. No sé si sea masoquismo, pero encuentro cierta belleza en la alienación. Pudiera decir entonces que mis películas son escapistas? Puede ser. Terapia quizás. Tengo 34 años y ya soy un viejo. En realidad siempre fui un viejo y sin embargo me apasiono, me entusiasmo con ciertas cosas con la misma ingenuidad y desconcierto que un niño. Eso me parece esencial en el proceso creativo, el misterio de ciertas situaciones que un niño no puede llegar a comprender y que sin embargo dejan una huella imborrable. Mantener el misterio es una necesidad. El momento en que las respuestas cobran más relevancia que las preguntas significa la muerte como creador, pues quiero que la película continúe en mi mente, mucho después de los créditos.

Siempre he pensado que vivo dentro de mi mente, dentro de un universo alternativo que tiene poco que ver con la realidad física. Mis conceptos y principios estéticos son tan fuertes y específicos que mi primer impulso es descalificar lo que no me interesa, por eso tampoco serviría como crítico. Me cuesta ser objetivo. Por eso hago el cine que me gustaría ir a ver como espectador. No hay otra razón. Cada película ha sido muy distinta de la anterior, pero tampoco tengo temo repetirme.

Mi primer largometraje me tomó dos años, el segundo fueron cinco. Siguiendo la matemática, espero que el próximo no sean diez. Es díficil trabajar como un hombre orquesta toda la vida, pero lo haré mientras me quede algo de juventud. Comenzar un nuevo proyecto es el paso definitivo, una vez que comienzas ya no puedes parar. Espero terminar y decir que sigo siendo independiente. Es una posibilidad poco realista, pero existe.

¿Realismo? No espero nada de la realidad. Me veo obligado a distorsionar el mundo que me rodea para construir mi propio universo. Lo que sucede dentro de mi cabeza puede ser más real que el mundo físico. Todas las experiencias que un ser humano acumula durante su vida están destinadas a desaparecer con la muerte. Por eso hago cine, para preservar ideas, sensaciones, realidades alternativas que solo pueden existir como fantasías. Es mi responsabilidad con los pocos que compartan una sensibilidad afín.

Utopía: Eliminar la transmisión y traducción de una idea a un equipo. De la mente a la pantalla. Es importante no racionalizar la intensidad de una idea, no puede pensarse, hay que vivirla, sentirla de manera visceral, convertir la cámara en una extensión del brazo, como el pincel para el pintor. Los significados vienen después en la sala de edición. Quebrantar también la cronología tradicional de las tres etapas de creación, Guión, filmación y postproducción. Libertad de regresar a filmar cuando una idea irrumpe en la edición. Explotar verdaderamente la maleabilidad estética de la tecnología, con actores dispuestos a seguirte. Construir artesanalmente. Dirección de arte digital. Caos aparentemente organizado. Intuición sin barreras. Imperfección precisa. Lecturas múltiples. ¿Utopía? No siempre. A veces se logra.

Miguel Coyula
El artesano del cine 

*Publicado en Bisiesto cinematográfico y tomado de la cuenta de FB del autor con su autorización.

De una mirada a otra (4)

Seguimos enriqueciendo la mirada sobre Francia a través de las opiniones de otros -en este caso, de otras, de madres de familia. Dos reflexiones más, esta vez de amigas de América del sur, con realidades cercanas a las mexicanas, pero diferentes, está claro.
A., argentina. Bióloga que realizó master (en inglés) en Toulouse.
"Conocí Toulouse un día en el 2005 viajando por Europa. Entonces ya sabía que era una ciudad con onda. Pero cualquier otra ciudad de Francia me hubiera dado pavor. Tenía muchos prejuicios sobre los franceses antes de venir. Que eran fríos, estrictos, refinados, aburridos y mala onda.  Sabía que iba comer rico y vivir el confort del Primer mundo. Pensaba que iba a encontrar muchas situaciones y posibilidades nuevas.  A la vez les tenía un respeto y distancia.  
(…) Confirmé mis prejuicios y me mantuve bastante ajena a todo, ya que en mis estudios todo era en inglés.  Sólo podía comunicarme con franceses en la créche (guardería) de mi hija. Al año recién quise integrarme más.  Luego empecé a entender mucho más todo, idioma, gestos, situaciones, etc.  Me encariñé finalmente y me adapté. No hice muchas amistades francamente francesas. (…)
"Me sorprendió el primer mundo, la limpieza, etc.  También me di cuenta de que la gente es muy culta en general, tienen todos buena educación. Hay casi cero pobreza visible. Me sorprendieron su forma de tratar a los niños, mucho reto y distancia.  Y mi conclusión es que empiezan desde chicos y así quedan, endurecidos y aburridos.  

"Mi conclusión general es que  'aquí no hay rock'".

A.C., abogada. Colombiana que radica en un pueblo cerca de Toulouse desde hace 3 años.

"Debo aclarar que llevo aquí 3 años y 17 días y vivo en una pequeña (muy pequeña) comuna (...) y que cuando me piden la dirección ni siquiera muchos franceses saben de su existencia. Creo que hay 217 habitantes, y dos bebés (los míos) que han nacido en los dos últimos años (…).

"Me sigue pareciendo un país encantador, pero ahora pienso que casi todo el mundo es igual, con paisajes y lenguas diferentes pero que la naturaleza humana es siempre la misma. Si vives en la gran ciudad tienes acceso a otras cosas y vienes al campo como algo exótico. Y si vives aquí, disfrutas las cosas maravillosas que se presentan pero pides a gritos las facilidades del medio urbano.

"Pensaba que las personas eran absolutamente liberadas. Así, que desde mi punto de vista del campo, ya las personas francesas no me parecen tan libre pensadoras (…) Las personas saben todo de todo el mundo. La mayoría de las chicas (bueno, no hay tantas “chicas” aquí pues algunas pasan los 70 años), pero las hijas de esas chicas que no salieron a la ciudad, todavía piensan que es gracioso y exótico que me ponga a estudiar y que piense en trabajar teniendo marido e hijos. No debería ser una preocupación para mi, dicen.

"Poco saben de su propia geografía y mucho menos de la nuestra. Tienen un pensamiento bastante regionalista, pero en ningún momento te rechazan. A veces diera la impresión más bien de tener cierto temor a las 'nuevas ideas'.

"La comida es una maravilla. Adoro el cassoulet y los chicharrones de pato. Los quesos son un encanto en sus mil y un variedades. Los paisajes maravillosos  -los Pirineos desde mi ventana, por ejemplo. El campo siempre tan bien cultivado, tan verde y tan organizados los cultivos.

"Yo no tenia pensado vivir en Francia. Siempre me había parecido un pais encantador desde mis ideas de 'libertad, igualdad y fraternidad', así que seguramente lo visitaría algún dia (…) Pero realmente, mi visión de Francia se enfocaba en Paris, ciudad cosmopolita, de extravagancias y contrastes.

"El idioma francés, absolutamente romántico y musical, el cine de arte que nos muestra un pensamiento libertario y complejo, ya me interesaban desde hace mucho tiempo (…).
(…)

"También suponía que el nivel de enseñanza en los colegios era muy alto y que era un privilegio para la juventud de este país tener calidad en la educación. Mi hija ingresó al colegio apenas llegamos. La educación gratuita y obligatoria me parece una verdadera maravilla. La inmersión ha sido además la mejor manera de dominar la lengua francesa. En ese sentido me ha parecido positivo, pero a lo largo de tres años, aunque los jóvenes tienen muchas ventajas y muchas ayudas, he observado que la tan pretendida calidad de la educación no era cierta o que ha decaído. Llegan al colegio alumnos mal preparados en sus escuelas, los profesores parecen no darle mucha importancia y nivelan a todo el mundo por lo bajo. A los chicos no les importa ir mas allá. Veo mucha mediocridad, mucha pereza y no entiendo cómo es posible eso en un país como este.

"Otra cosa que me parece absurda es el nivel tan bajo de las lenguas extranjeras, específicamente del inglés. Lo que mi hija estudia en el colegio ya lo había estudiado en Colombia, en tercero de primaria. Claro, allá, aun siendo una profesional, tenía que trabajar más de la cuenta sólo para pagar los costos de la educación privada porque la pública está hecha un desastre. Aquí es gratis, le dan los libros y además la bolsa de la CAF (significado literal = caja de ayuda familiar. Significado real = institución que da una cantidad mensual a las familias o estudiantes, por ejemplo, cuyos ingresos no son suficientes para llevar una vida 'digna').

"Yo pienso que aquí el que no estudia es porque no quiere ya que tienen todos los elementos, así que confío en que haya un cambio de mentalidad de los profesores y de la nueva generación para no dejar caer lo que se ha conquistado con esfuerzo y mejorar todos esos puntos debilitados.

"Detesto la burocracia de la administración y el gasto innecesario de papel con tanta publicidad y tantas cartas para todo.

"Me encantan las fiestas de los pueblos durante el verano, los 'vide grenier' (venta de garage), los sitios de camping, los piques-niques y sobre todo el poco consumismo de la gente si los comparamos con otras sociedades. Aquí guardan, reciclan, llevan su propia comida...

"Aquí no llega ningún medio de transporte público lo cual ha sido para mi un verdadero caos, pero juro que ya mismo me pongo a conducir.

"Adoro la seguridad. Muchas veces no le pongo el pasador a la puerta porque se me olvida. Me parece todavía maravilloso salir a la calle sin tener casi que adherirme mi bolso. Cuando voy a Toulouse todavía tengo el síndrome colombiano y tomo mis prevenciones, pero aquí no, esto es un pequeño paraíso...pero sin estación de tren. 

"Vivo en el centro, sólo está la alcaldía, la iglesia que celebra misa cada tres meses o en eventos especiales que uno la solicita, el castillo, la sala de fiestas, y casitas muy distantes unas de otras. Solo pasa el autobus escolar, los tractores, el cartero (...)".