miércoles, 17 de agosto de 2011

De una mirada a otra (4)

Seguimos enriqueciendo la mirada sobre Francia a través de las opiniones de otros -en este caso, de otras, de madres de familia. Dos reflexiones más, esta vez de amigas de América del sur, con realidades cercanas a las mexicanas, pero diferentes, está claro.
A., argentina. Bióloga que realizó master (en inglés) en Toulouse.
"Conocí Toulouse un día en el 2005 viajando por Europa. Entonces ya sabía que era una ciudad con onda. Pero cualquier otra ciudad de Francia me hubiera dado pavor. Tenía muchos prejuicios sobre los franceses antes de venir. Que eran fríos, estrictos, refinados, aburridos y mala onda.  Sabía que iba comer rico y vivir el confort del Primer mundo. Pensaba que iba a encontrar muchas situaciones y posibilidades nuevas.  A la vez les tenía un respeto y distancia.  
(…) Confirmé mis prejuicios y me mantuve bastante ajena a todo, ya que en mis estudios todo era en inglés.  Sólo podía comunicarme con franceses en la créche (guardería) de mi hija. Al año recién quise integrarme más.  Luego empecé a entender mucho más todo, idioma, gestos, situaciones, etc.  Me encariñé finalmente y me adapté. No hice muchas amistades francamente francesas. (…)
"Me sorprendió el primer mundo, la limpieza, etc.  También me di cuenta de que la gente es muy culta en general, tienen todos buena educación. Hay casi cero pobreza visible. Me sorprendieron su forma de tratar a los niños, mucho reto y distancia.  Y mi conclusión es que empiezan desde chicos y así quedan, endurecidos y aburridos.  

"Mi conclusión general es que  'aquí no hay rock'".

A.C., abogada. Colombiana que radica en un pueblo cerca de Toulouse desde hace 3 años.

"Debo aclarar que llevo aquí 3 años y 17 días y vivo en una pequeña (muy pequeña) comuna (...) y que cuando me piden la dirección ni siquiera muchos franceses saben de su existencia. Creo que hay 217 habitantes, y dos bebés (los míos) que han nacido en los dos últimos años (…).

"Me sigue pareciendo un país encantador, pero ahora pienso que casi todo el mundo es igual, con paisajes y lenguas diferentes pero que la naturaleza humana es siempre la misma. Si vives en la gran ciudad tienes acceso a otras cosas y vienes al campo como algo exótico. Y si vives aquí, disfrutas las cosas maravillosas que se presentan pero pides a gritos las facilidades del medio urbano.

"Pensaba que las personas eran absolutamente liberadas. Así, que desde mi punto de vista del campo, ya las personas francesas no me parecen tan libre pensadoras (…) Las personas saben todo de todo el mundo. La mayoría de las chicas (bueno, no hay tantas “chicas” aquí pues algunas pasan los 70 años), pero las hijas de esas chicas que no salieron a la ciudad, todavía piensan que es gracioso y exótico que me ponga a estudiar y que piense en trabajar teniendo marido e hijos. No debería ser una preocupación para mi, dicen.

"Poco saben de su propia geografía y mucho menos de la nuestra. Tienen un pensamiento bastante regionalista, pero en ningún momento te rechazan. A veces diera la impresión más bien de tener cierto temor a las 'nuevas ideas'.

"La comida es una maravilla. Adoro el cassoulet y los chicharrones de pato. Los quesos son un encanto en sus mil y un variedades. Los paisajes maravillosos  -los Pirineos desde mi ventana, por ejemplo. El campo siempre tan bien cultivado, tan verde y tan organizados los cultivos.

"Yo no tenia pensado vivir en Francia. Siempre me había parecido un pais encantador desde mis ideas de 'libertad, igualdad y fraternidad', así que seguramente lo visitaría algún dia (…) Pero realmente, mi visión de Francia se enfocaba en Paris, ciudad cosmopolita, de extravagancias y contrastes.

"El idioma francés, absolutamente romántico y musical, el cine de arte que nos muestra un pensamiento libertario y complejo, ya me interesaban desde hace mucho tiempo (…).
(…)

"También suponía que el nivel de enseñanza en los colegios era muy alto y que era un privilegio para la juventud de este país tener calidad en la educación. Mi hija ingresó al colegio apenas llegamos. La educación gratuita y obligatoria me parece una verdadera maravilla. La inmersión ha sido además la mejor manera de dominar la lengua francesa. En ese sentido me ha parecido positivo, pero a lo largo de tres años, aunque los jóvenes tienen muchas ventajas y muchas ayudas, he observado que la tan pretendida calidad de la educación no era cierta o que ha decaído. Llegan al colegio alumnos mal preparados en sus escuelas, los profesores parecen no darle mucha importancia y nivelan a todo el mundo por lo bajo. A los chicos no les importa ir mas allá. Veo mucha mediocridad, mucha pereza y no entiendo cómo es posible eso en un país como este.

"Otra cosa que me parece absurda es el nivel tan bajo de las lenguas extranjeras, específicamente del inglés. Lo que mi hija estudia en el colegio ya lo había estudiado en Colombia, en tercero de primaria. Claro, allá, aun siendo una profesional, tenía que trabajar más de la cuenta sólo para pagar los costos de la educación privada porque la pública está hecha un desastre. Aquí es gratis, le dan los libros y además la bolsa de la CAF (significado literal = caja de ayuda familiar. Significado real = institución que da una cantidad mensual a las familias o estudiantes, por ejemplo, cuyos ingresos no son suficientes para llevar una vida 'digna').

"Yo pienso que aquí el que no estudia es porque no quiere ya que tienen todos los elementos, así que confío en que haya un cambio de mentalidad de los profesores y de la nueva generación para no dejar caer lo que se ha conquistado con esfuerzo y mejorar todos esos puntos debilitados.

"Detesto la burocracia de la administración y el gasto innecesario de papel con tanta publicidad y tantas cartas para todo.

"Me encantan las fiestas de los pueblos durante el verano, los 'vide grenier' (venta de garage), los sitios de camping, los piques-niques y sobre todo el poco consumismo de la gente si los comparamos con otras sociedades. Aquí guardan, reciclan, llevan su propia comida...

"Aquí no llega ningún medio de transporte público lo cual ha sido para mi un verdadero caos, pero juro que ya mismo me pongo a conducir.

"Adoro la seguridad. Muchas veces no le pongo el pasador a la puerta porque se me olvida. Me parece todavía maravilloso salir a la calle sin tener casi que adherirme mi bolso. Cuando voy a Toulouse todavía tengo el síndrome colombiano y tomo mis prevenciones, pero aquí no, esto es un pequeño paraíso...pero sin estación de tren. 

"Vivo en el centro, sólo está la alcaldía, la iglesia que celebra misa cada tres meses o en eventos especiales que uno la solicita, el castillo, la sala de fiestas, y casitas muy distantes unas de otras. Solo pasa el autobus escolar, los tractores, el cartero (...)".

No hay comentarios:

Publicar un comentario